Hola a todos!
Como ayer no escribí nada hoy ración doble. Esta es la primera entrada. Ahí va:
Afortunadamente ayer tuve varias situaciones positivas que contar, pero destacaré, una como siempre.
Es genial sentir un gusanillo que no puedes evitar pese a que te encuentres a gusto. Ese gusanillo lo llamo música. Cuando piensas que quizá no vuelvas a tener la oportunidad de gozar con quien quieres de una música de calidad en un marco multicultural e interracial no puedes resistir la tentación, aunque te encuentres muy bien como estás.
Eso nos pasó anoche. Disfrutamos como enanos gracias a la energía que transmitían unos músicos estupendos.
Qué importante es transmitir. Créanme, en mi vida he tenido oportunidad de ver muchos músicos virtuosos en ocasiones, estudiantes en otras, que no se creían en realidad lo que interpretaban, independientemente de si eran los compositores o no. Es muy triste que emplees muchos años de tu vida sin sentir de verdad aquello que haces. Yo al menos, no podría hacerlo aunque quisiera.
Pero los músicos que anoche presenciamos eran de esos que te hacen bailar aunque no quieras. Después de dos segundos de música me vi moviéndome sin darme cuenta. Fue maravilloso. Y encima, mirabas al cielo y había una luna enormemente llena. Vamos, un marco incomparable, a no ser por el frío y viento reinante (es que todo no puede ser perfecto, que si no no es real).
Pues ello, cuando tengan pereza por hacer algo que les apetecía hasta el día anterior y que por alguna extraña razón ha dejado de apetecerles, no le hagan caso al segundo instinto sino al primero. No se arrepentirán.
domingo, 25 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario