Qué bonito es despedirse de alguien con sentimientos de gratitud, cariño, afecto, con ilusión de volver a contar con esa persona en próximas ocasiones. Y si esto último no sucede, pues comprender las situaciones y desapegarnos. Pero sobre todo creo que lo más importante es despedirse en paz. Así se consigue que las cosas fluyan, sigan su propio cauce.
Por otro lado, también es fantástico recibir a alguien con los brazos abiertos, expectante de nuevas noticias, de energía rebosante de felicidad por todos los poros de su piel, deseosos de contagiarnos de esa energía.
Sentir, en definitiva, lo emocionante de las relaciones humanas.
Cuando tenemos la oportunidad de vivir estas sensaciones nos damos cuenta una vez más de que estamos vivos, y sobre todo, somos conscientes del suelo que pisamos, tenemos los pies en la tierra.
jueves, 13 de diciembre de 2007
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2 comentarios:
Hola hna en la fe!
NO sé los demás, pero yo personalmente echo de menos tus entradas.
Espero que en cuanto descanses de esa gripe y de esas palizas que te pegas surcando los mares con mp3, sirenas, marineros, ......e incompetentes varios, nos vuelvas a regalar tus positivas palabras.
Por jesucrito nuestro señor, Amén!!
Hna en la fe!!
¡Qué bien me conocen algunos!
Ya sabía que me extrañaban entre las redes, jeje, un informador privilegiado me lo contó.
¡Me encanta la energía que da todo esto!
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